Durante los primeros meses de curso, siempre supone un esfuerzo retomar la actividad lectiva y mucho más poner a punto el huerto escolar después del verano y sus duras condiciones. Por eso supone todo un logro que profesorado, alumnado y familias se vuelquen con energía a desbrozar, limpiar, labrar, abonar, sembrar y cuidar estos rincones de naturaleza y aprendizaje.
Lo cierto es que el calendario escolar y el agrícola no siempre coinciden, y puede suponer algún desajuste en la preparación y diseño del huerto. Es uno de los desafíos que año tras año se debe abordar para llegar a tiempo a las siembras o plantaciones mientras transcurre las actividad lectiva.
Por suerte, siempre se logran resultados que favorecen el aprendizaje y el trabajo grupal, y ahí es donde conseguimos el objetivo deseado, que nuestro huerto escolar sea un recurso educativo más, dejando grandes y copiosas cosechas como parte de un proceso y no como meta final. Aunque siempre es una alegría recoger lo sembrado y poder degustar en compañía.
Muchas gracias a los compañeros y compañeras de los centros educativos de la Xarxa, que comparten algunas imagenes de todo este proceso a inicios de curso.









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